Esto aconsejan los especialistas para que la separación no se convierta en un infierno para tus niños.Por más que quisiste negarlo, estirar el tiempo, hacer como que no pasaba nada, la realidad te alcanzó. Tu pareja no da para más y, por más que te duela o te asuste, la determinación es inevitable: van a separarse. Lo mejor es enfrentarlo e intentar que los daños colaterales sean los menores posibles.
Puedes separarte mal, por medio de abogados, dramas y forcejeos o puedes hacerlo bien, con sensatez y amigablemente; la verdad es que el precio de un divorcio siempre es alto (y no sólo en dinero) y de cualquier forma que se haga los niños, especialmente si son pequeños, van pagar los platos rotos. Por cierto sufrirán menos en la medida en que el clima sea apacible pero igual hay procesos irremediables por los que deberán pasar.
"Los niños precisan -como decía el célebre pediatra argentino Florencio Escardó- amor, proteínas y rutina." La falta de cualquiera de ellos produce daños de diferente severidad. En el caso del divorcio la que desaparece, para ser reemplazada gradualmente por otra, es la rutina. No es fácil para un niño adaptarse a tener dos casas, dos camas, otros juguetes, eventualmente otra pareja de los padres e incluso nuevos hermanos y es normal que al principio aparezcan alteraciones de todo tipo.
Berrinches a toda hora, agresividad, mal sueño, falta de apetito, que no quieran salir de casa el día en que visitan al padre que se ha ido son situaciones habituales y difíciles de manejar que no hacen más que expresar la angustia e inseguridad de los niños.
Todos estos escenarios deben ser observados para interpretar correctamente el mensaje que el niño está enviando y como en cada crisis es bueno pedir ayuda especializada. Un buen consejero familiar o un psicólogo podrán darnos pautas para manejar la situación de la mejor manera posible.
La Dra. Marisol Muñoz Kiehne, (http://www.nuestrosninos.com/) psicóloga infantil y anfitriona del programa televisivo Nuestros Niños, de California, ha estudiado y tipificado las formas en las que los niños viven el divorcio según su edad.
Según dice la profesional, hasta el año, no comprenden lo que sucede pero viven el clima de tensión, sienten la ausencia del padre que no está, dependen totalmente de los adultos, precisan rutina y tener a la mano sus juguetes y objetos favoritos.
De uno a tres años, son egocéntricos y creen que causan todo lo que sucede, siguen necesitando rutina y precisan incorporar de a poco personas nuevas. A esta edad ya se les puede explicar de manera sencilla lo que sucede y deben usarse expresiones verbales y físicas que les den seguridad.
De los tres a los cinco años pueden tener fantasías de reconciliación de los padres, se los puede animar a hablar sobre sus dudas, temores y sentimientos. Hay que insistirles en que no son responsables del divorcio ya que este pensamiento es más común de lo que se imagina.
De los cinco a los doce años entienden el concepto del divorcio pero no pueden lidiar con lo que sucede. Tienden a culpar a uno de los padres, pueden sentirse rechazados y añoran la familia de antes. Pueden tener dificultades de aprendizaje, problemas académicos, sociales y físicos.
En todos los casos hay que estar atentos a sus cambios de conducta, tristeza, llantos, ansiedad, temores, pesadillas o regresión a conductas anteriores menos maduras.
Lo que hay que preocuparse especialmente por evitar:
Que se sientan rechazados.
Que piensen que los padres ya no se preocupan por ellos.
Que tengan la sensación de que ya no tienen una casa o un lugar propios.
Que sientan que puedan ser abandonados.
Que crean que los padres volverán a vivir juntos.
Decirles que uno se pone triste cuando van a la casa del otro progenitor.
¿Viviste alguna experiencia de divorcio?









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